Empresas destinadas a desaparecer

Empresas destinadas a desaparecer
4 junio, 2012 Comentarios desactivados
Publicado en: eComm

No sé si es común en otros países de la órbita sud-europea, pero en España me pasa a menudo que al dirigirme a una empresa y mostrar mi interés -como cliente- en sus productos, me pongan un buen número de zancadillas para que desista en adquirirlos.

Si por ejemplo llamamos a una empresa para preguntar por un precio o características de un artículo en concreto, es probable recibir por respuesta “¿de qué empresa me llamas?”. Este tipo de pregunta me deja bastante fuera de juego, ya que, aunque yo mismo forme parte de una empresa, no me considero una empresa, sino un cliente interesado en un artículo determinado. Quizás la pregunta o mi interés en ese artículo determinado sea a título personal y nada tenga que ver con mi empresa. Si la pregunta es “¿quién eres?”, mi respuesta será sin duda estéril, ya que al ser mi primera llamada a esa empresa desconocerán quién soy. (?) En realidad, este tipo de preguntas es como si me estuvieran diciendo “Es que no quiero decirte el precio, por si tu eres la competencia”, “es que no quiero hablar de ese artículo contigo, porque no te conozco, no somos colegas”, etc… Una forma muy peculiar de llevar un negocio.

Afortunadamente, tenemos internet, las redes sociales y el comercio electrónico. No tenemos porqué “casarnos” con un vendedor local, si quizás encontremos el producto mucho más barato y con mejor trato en cualquier otra parte de Europa o mundo. La red nos permite ojear las webs de las empresas, e intuir su seriedad y solvencia antes de contactar con ellas. Descartad el contacto con las empresas que no muestren su número de teléfono, dirección física y número de fiscal. Aún así, todavía podemos encontrar a empresas a las que cuando les llamas para mostrar tu interés en sus servicios, te sientes como si las estuvieras molestando en realidad.

Entiendo que con la red y el comercio electrónico, este tipo de empresas están destinadas a desaparecer. Nos guste o no, el mundo es global. Todos competimos contra todos y está en nuestras manos, como pequeños consumidores que somos, hacer que las cosas cambien, aunque sean a pequeña escala.

Para el comercio norteamericano, el cliente es “dios”. El trato al cliente ralla la excelencia, con una sonrisa siempre en el rostro y unas ganas extraordinarias de servir. Quizás esa sonrisa no sea sincera, sea sólo necesaria para mantener el puesto de trabajo, pero como cliente se agradece esa sonrisa a la inexpresividad y pasividad recibida de algunos empleados, encargados de sección y hasta directamente propietarios de negocio de comercios españoles.

Con las escandalosas tasas de paro registradas en España, se me hace inexplicable que los empresarios no pongan los medios, para contratar sólo a los mejores trabajadores, satisfechos con su trabajo y capaces de aportar valor a la empresa. Por no mencionar la falta de sensibilidad y de competencia linguística para atender al cliente en su propia lengua, por supuesto, en alguna de las oficiales de la parte de territorio español que en que se efectúe intercambio comercial.

En una ocasión compré unos zapatos de una marca de “prestigio” en un comercio local. A los quince días de un esporádico uso, la suela de esos zapatos empezó a despegarse. Después de la pertinente queja al establecimiento y de éste al fabricante, el último resolvió que no substituía los zapatos, aunque la tienda sí me ofreció el cambio por otro par de zapatos a cuenta suya. Sé que soy un insignificante consumidor, pero Geox puede descontar de sus ventas, al menos treinta pares de zapatos que no venderá jamás a ese humilde consumidor ni a ningún miembro de su familia al largo de su vida. Evidentemente, continúo siendo cliente de la pequeña zapatería por su buen hacer.

Como pequeños consumidores podemos o debemos hacer ver a esas empresas que tienen los días contados si no cambian su actitud prepotente. Que si ellos no desean contestar a nuestros correos o llamadas telefónicas, hay muchas otras empresas fuera de nuestras fronteras -o no-, deseosas de contestar con prontitud a los correos electrónicos que les enviemos, tratarnos como clientes y agradecer nuestro interés en sus productos. Esta es la forma como en GraficArt tratamos a nuestros posibles clientes y evidentemente a los que ya lo son.

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